El biocombustible entra en escena en las aeronaves

Hace poco han salido noticias en relación a los nuevos avances que se han llevado a cabo en los vehículos de aviación, como el avión o el helicóptero, para la realización de viajes más ecológicos. De los casos concretos hablaremos más adelante porque antes de nada vamos a intentar explicar cómo se van a mover estos futuros medios reduciendo en un alto porcentaje las emisiones de CO2. En el primero de los casos, en el avión, se ha llevado a cabo mediante una mezcla de biocombustibles.

¿Qué son los biocombustibles? Son combustibles que a diferencia de los que ya conocemos se obtienen de organismos vivos o de sus restos, por lo que es una fuente de energía renovable. De esta manera se depende menos de los restos fósiles y además las emisiones de CO2 que se emiten son menores porque se produce una especie de ciclo cerrado en el que absorben lo que producen a medida que crecen. Así podemos diferenciar entre distintos tipos de biocombustibles:

Biodiesel – combustible producido a base de grasas animales o aceites vegetales, en el que los más comunes son los de girasol, soja, canola o colza. Se puede utilizar directamente o bien mezclándolo con gasoil. El proceso habitual que se utiliza es el de la transesterificación donde con alcohol metílico, dióxido sódico y aceite vegetal se obtiene el producto aplicable en motores diesel sin modificar.

Bioetanol – el procedimiento es similar al de la cerveza, se busca obtener alcohol a través de productos como el maíz, la caña de azúcar o la remolacha fermentando sus hidratos de carbono en etanol.

Biogás – es un gas que se produce a partir de la fermentación de desechos orgánicos. Se obtiene un producto que está compuesto en su mayor parte por metano, dióxido de carbono y monóxido de carbono y las principales materias primas son los excrementos de animales, la cachaza de cañas de azúcar, restos del café…

Biomasa – también se podría meter aquí la biomasa que englobaría restos de la explotación de la madera incluso los excrementos secos.

Así el pasado lunes 3 de octubre tuvo lugar el primer vuelo español propulsado por estos biocombustibles, en concreto de una mezcla del 25% de camelina y del 75% del queroseno tradicional. Con ello se consiguió que utilizando los mismos tipos de motor que se utilizar actualmente se pudiera realizar el vuelo reduciendo  las emisiones de CO2 en cifras cercanas a 1.500 kilos.

El proyecto, llevado a cabo en conjunto entre Repsol e Iberia, busca reducir las emisiones de CO2 del 2% en el que se sitúa actualmente, al 1%. Las previsiones que se tienen actualmente son que en el año 2020 no haya más emisiones adicionales en este tipo de medio y que el 10% de las aeronaves utilicen el mismo biocombustible que el que se utilizó durante la prueba, una cifra que se vería incrementado en su totalidad para el año 2050. Repsol ha sido quien se ha encargado de aportar el biocombustible utilizado.

Además un día después también se hicieron progresos en las aeronaves de alas rotatorias, en los helicópteros, ya que se llevó a cabo el primer vuelo de un helicóptero híbrido, en el que se combinaron el típico motor de combustión interna con otro motor eléctrico. Esto, aparte de aportar mayor seguridad al vuelo porque en el caso de que falle el motor principal el otro comenzaría su funcionamiento hasta el aterrizaje, ayuda a reducir el consumo de energía y de esta manera las emisiones de gases nocivos son menores.

Estos son algunos avances en el mundo de las aeronaves, avances que repercutirán enormemente a la reducción de emisiones de CO2 de estos medios de transporte a medio/largo plazo. El camino está marcado pero, ¿para el 2050 no habrá ningún avance más y se seguirá con el mismo método de biocombustibles?

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